Solo faltaban escasos minutos para el amanecer, pero eso parecía no molestarle, caminaba con el mismo paso vacilante y desganado, otra vez su vestido de puntilla blanca estaba destrozado, otra vez los primorosos moños estaban desordenados, el cabello enredado y pegoteado con su propia sangre, y sus piecitos sangrantes tambaleaban en cada pisada.
Esta vez, las lágrimas eran reales, no había risas macabras ni frases que ocultaran siniestros juegos mentales… era ella, y estaba siendo real.
-Por favor… por favor padre… abre estas pesadas puertas…- suplico con la voz entrecortada por el llanto. Su pequeña mano golpeaba sin fuerzas una inmaculada y elevada puerta de mármol.
-¡Abre maldito seas! … ¡Nefasto y demente creador!- grito con furia mientras caía de rodillas y rendida en el ensangrentado suelo. Un llanto amargo y desgarrador broto de su garganta, y las lágrimas le nublaban completamente la vista.
“No me abandones… tengo hambre, y sueño… te lo suplico… voy a portarme bien, ya no voy a huir mas, voy a ser una niña buena… tu niña buena… Tengo miedo, ellos van a matarme… ayúdame, no me abandones… no me abandones… Voy a ser buena… ya no quiero sentirme tan sola… quiero amor… quiero que me amen… solo quiero que me ames…”
Pero su voz se ahogo en el llanto, ya no sabia como continuar la suplica, las palabras no eran suficientes, las acciones tampoco, y su amor mucho menos… nada era suficiente para su Señor.
El sueño ya pesaba en su pequeño cuerpo, sus parpados se cerraban con insistencia, podía sentir el calor sofocante del amanecer.
“…No me dejes morir así…”
Con gran esfuerzo logro ponerse en pie, las pequeñas piernas le temblaban por el intento de mantenerse despierta y por el dolor que sentía. Se apoyo jadeante contra la puerta, y comenzó a arrancar los moños y lazos de su cabeza, arranco las mangas con volados y puntillas de su vestido y sacudió energéticamente su cabeza para despertarse.
Retrocedió un par de pasos, mientras que con un lazo secaba las lágrimas de sus ojos y sus mejillas. Observo desafiante hacia la entrada.
-Abre las puertas de Mi castillo… Diabólico Mentor.- Ordeno con frialdad en sus ojos y su tono de voz.
Pero las puertas siguieron inmutables, y entonces su voluntad termino por quebrarse, solo quedaba una última carta, y los rayos luminosos se aproximaban con inminente celeridad.
Su forma comenzó a cambiar, su cuerpo, su rostro y su expresión, ahora semejaban a la de una joven mujer.
-¿Me dejaras pasar ahora?- pregunto con voz sensual pero sin perder su tono desafiante. La pesada puerta comenzó entonces a crujir y a moverse lentamente, hasta quedar abierta de par en par y un largo y profundo suspiro escapo de ellas.
Pero en vez de avanzar hacia la salvación oscura, vacilo unos instantes.
-No, así no…- Murmuro frustrada y retomo su antigua forma de niña.
Las puertas se cerraron rápidamente y con un golpe seco. Sasha camino hacia las mismas y se apoyo contra ellas elevando su mirada al cielo iluminado de la mañana…
-Voy a morir por tu pretensión… que así sea…-susurro con un fino hilo de voz.
“Adiós… mi Creador…”
Y los rayos comenzaron a quemar sus bracitos, sus pequeños y descalzos pies y sus mejillas rosadas. El dolor era más de lo que podía soportar y cayo al piso ciega por la blanca luz y el sufrimiento, sin embargo contuvo sus gritos, y apretó con fuerza los dientes…
“No voy a llorar… no por tu culpa”.
Y entonces todo se volvió oscuro, podía sentir como las refrescantes sombras la envolvían, y de entre ellas unos brazos fuertes la alzaban y abrazaban de forma protectora y reconfortante; sentía como estas sombras y estos brazos la alejaban prontamente de los rayos de febo.
Y una acogedora paz inundo su mente y su corazón… y se abandono paulatinamente al pesado sueño diurno; aquel ser la abrazo contra su pecho y apoyo la boca en su pequeño oído, y con una voz potente y joven susurro con dulzura.
-Mi pequeña… esta no es forma de morir para inmortales como nosotros… ahora descansa… ya no sufrirás mas.