martes, 26 de octubre de 2010

Adiós y salvación.

Solo faltaban escasos minutos para el amanecer, pero eso parecía no molestarle, caminaba con el mismo paso vacilante y desganado, otra vez su vestido de puntilla blanca estaba destrozado, otra vez los primorosos moños estaban desordenados, el cabello enredado y pegoteado con su propia sangre, y sus piecitos sangrantes tambaleaban en cada pisada.
Esta vez, las lágrimas eran reales, no había risas macabras ni frases que ocultaran siniestros juegos mentales… era ella, y estaba siendo real.
-Por favor… por favor padre… abre estas pesadas puertas…- suplico con la voz entrecortada por el llanto. Su pequeña mano golpeaba sin fuerzas una inmaculada y elevada puerta de mármol.
-¡Abre maldito seas! … ¡Nefasto y demente creador!- grito con furia mientras caía de rodillas y rendida en el ensangrentado suelo. Un llanto amargo y desgarrador broto de su garganta, y las lágrimas le nublaban completamente la vista.

“No me abandones… tengo hambre, y sueño… te lo suplico… voy a portarme bien, ya no voy a huir mas, voy a ser una niña buena… tu niña buena… Tengo miedo, ellos van a matarme… ayúdame, no me abandones… no me abandones… Voy a ser buena… ya no quiero sentirme tan sola… quiero amor… quiero que me amen… solo quiero que me ames…”

Pero su voz se ahogo en el llanto, ya no sabia como continuar la suplica, las palabras no eran suficientes, las acciones tampoco, y su amor mucho menos… nada era suficiente para su Señor.
El sueño ya pesaba en su pequeño cuerpo, sus parpados se cerraban con insistencia, podía sentir el calor sofocante del amanecer.

“…No me dejes morir así…”

 Con gran esfuerzo logro ponerse en pie, las pequeñas piernas le temblaban por el intento de mantenerse despierta y por el dolor que sentía. Se apoyo jadeante contra la puerta, y comenzó a arrancar los moños y lazos de su cabeza, arranco las mangas con volados y puntillas de su vestido y sacudió energéticamente su cabeza para despertarse.
Retrocedió un par de pasos, mientras que con un lazo secaba las lágrimas de sus ojos y sus mejillas. Observo desafiante hacia la entrada.
-Abre las puertas de Mi castillo… Diabólico Mentor.- Ordeno con frialdad en sus ojos y su tono de voz.
Pero las puertas siguieron inmutables, y entonces su voluntad termino por quebrarse, solo quedaba una última carta, y los rayos luminosos se aproximaban con inminente celeridad.
Su forma comenzó a cambiar, su cuerpo, su rostro y su expresión, ahora semejaban a la de una joven mujer.
-¿Me dejaras pasar ahora?- pregunto con voz sensual pero sin perder su tono desafiante. La pesada puerta comenzó entonces a crujir y a moverse lentamente, hasta quedar abierta de par en par y un largo y profundo suspiro escapo de ellas.
Pero en vez de avanzar hacia la salvación oscura, vacilo unos instantes.
-No, así no…- Murmuro frustrada y retomo su antigua forma de niña.
Las puertas se cerraron rápidamente y con un golpe seco. Sasha camino hacia las mismas y se apoyo contra ellas elevando su mirada al cielo iluminado de la mañana…
-Voy a morir por tu pretensión… que así sea…-susurro con un fino hilo de voz.

“Adiós… mi Creador…”

Y los rayos comenzaron a quemar sus bracitos, sus pequeños y descalzos pies y sus mejillas rosadas. El dolor era más de lo que podía soportar y cayo al piso ciega por la blanca luz y el sufrimiento, sin embargo contuvo sus gritos, y apretó con fuerza los dientes…

“No voy a llorar… no por tu culpa”.

Y entonces todo se volvió oscuro, podía sentir como las refrescantes sombras la envolvían, y de entre ellas unos brazos fuertes la alzaban y abrazaban de forma protectora y reconfortante; sentía como estas sombras y estos brazos la alejaban prontamente de los rayos de febo.
Y una acogedora paz inundo su mente y su corazón… y se abandono paulatinamente al pesado sueño diurno; aquel ser la abrazo contra su pecho y apoyo la boca en su pequeño oído, y con una voz potente y joven susurro con dulzura.
-Mi pequeña… esta no es forma de morir para inmortales como nosotros… ahora descansa… ya no sufrirás mas.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Jugamos?

-¡Que desastre!- exclamo Candy al tiempo que se dejo caer al suave colchón de plumas de ganso.
-Mucha pelea… mucha victoria, pero nadie se quedo para el difícil trabajo de limpiar- renegaba acariciando su cabeza para relajarse.
El castillo por fin se encontraba sumido en un completo silencio, y una calma acogedora reinaba en la habitación. La luz tenue de la luna se filtraba por los vidrios de cristal de las altas ventanas góticas, dando al cuarto una etérea imagen de inocencia mágica. Dejo escapar un suspiro de satisfacción por primera vez en muchos años, y cerro los ojos disfrutando de aquella inusitada paz. Pudo obtener algo bueno de aquella pseudo batalla, algo muy bueno, algo que podía volver a poner en marcha todo su antiguo plan.
Pero antes de que pudiera abandonarse al sueño diurno un objeto suave golpeo su cara y cayo rodando hacia el suelo; Candy se levanto molesta y observo  la forma que golpeo su cara, un pequeño peluche verde con figura de oso se encontraba tirado en el suelo. Agarro el muñeco y golpeo con evidente enfado el colchón de la cama.
-¡Sasha, pequeña sanguijuela caprichosa!- grito en dirección a la puerta entreabierta, y una risa de infanta, vibrante y dulce le respondió en saludo. De entre las sombras se formo la imagen de una pequeña niña que aparentaba tener no más de 7 años.
-El señor rosa solo quería saludarte… esta muy contento de volver a verte- se disculpo la niña mientras avanzaba dando pequeños saltitos hasta el extremo de la cama. Candy la observo en silencio unos segundos, no importaba cuantas veces se habían visto, la belleza mística  de Sasha siempre era algo que la atrapaba, su rostro blanco  sin marca o arruga, de mejillas regordetas y ojos grandes que pasaban de la gama del verde al azul con la luz que reflejaran, sus pequeños labios rosados estirados en una tímida sonrisa; “Mi querubín demente y sanguinaria” así solía llamarla Dimitri, y a Candy le pareció que la descripción le sentaba perfecta.
-¿Me devuelves al señor rosa?- pregunto con voz complaciente moviendo sus pequeños deditos.
-¿Al señor ro…? Ah…-Candy arrojo el peluche en dirección a ella, ya había tenido problemas en el pasado, mejor no hacerla enfadar.
-¿Qué quieres Sasha? ¿Acaso tus nuevas marionetas te aburrieron y decidiste desempolvar las viejas?- expreso con sarcasmo mientras  le daba la espalda.
Sasha la observo en silencio mientras Candy se despojaba sensualmente de su ropa, no la examinaba con el deseo habitual de otros seres, sino con la curiosidad infantil que la caracterizaba en todos sus actos.
-Tengo Papá y Mamá nuevos, ¿sabias?-agrego Sasha haciendo caso omiso de aquel último comentario.
-¿Un par de ingenuos y débiles Toreadores?- Candy dejo escapar una risa- Me decepcionas niña, podrías haber elegido padres mas poderosos.
-Estoy aburrida… ¿Quieres jugar conmigo?- sugirió  con una sonrisa compradora mientras caminaba saltando por la habitación- Podemos jugar… mmm… ¡a las escondidas!... O podemos jugar a…
-¡Ya silencio!... peor que radio descompuesta…-refunfuño Candy – Yo no juego, y mucho menos voy a jugar contigo, tienes dos … como se llamen esas cosas que simulan ser peluches, ve a molestar con ellos en otro lado- le señalo con firmeza la maciza puerta de ébano.
Sasha agacho la cabeza y sostuvo con las dos manos a un pequeño peluche rosado con forma de conejo, con una de sus manos lo acariciaba mientras que con la otra movía nerviosamente el botón que hacia de ojo y que en ese momento estaba descocido.
-El señor conejo esta lastimado… ¿Podrías…- se detuvo un momento dudando - ¿Podrías curarlo para mi?- suplico lloriqueando mientras se acercaba con paso dudoso a la vampiresa.
Candy la observo unos segundos, estuvo a punto de sostener entre sus manos al maltrecho peluche pero algo hizo que reaccionara.
-Me entere de tus “pequeños” desplantes en el Eliseo, ¿Por qué insistes en molestar a los demás? Sabes que no serás invulnerable a sus castigos por mucho más tiempo. La Camarilla no es tolerante a las “bromas” de los de tu clase, mucho menos será indulgente con aquellos que ataquen a sus “Príncipes”… deberías tomar consciencia de la naturaleza peligrosa de tus juegos.
-Yo no estoy jugando con ellos… ni bromeo, ellos le robaron algo a mi Papi, y yo estoy aquí para recuperarlo- respondió Sasha con notoria tranquilidad, no había en su rostro una ínfima arruga de enfado.
-¿Tu padre?- Candy  volvió a reír en tono de burla- Ambas sabemos que tu Sire ya no existe Sasha; Lo que haces lo haces por tu propio egoísmo y venganza… un acto que solo lograra terminar con tu patética existencia.
-¿tu también… por que todos me tratan tan mal? Estoy perdida, soy solo una niña… ¿Por qué no me quieres? – comenzó a llorar mientras dejaba caer sus peluches al suelo y se cubría el rostro con las manos. Conmovida por el llanto, Candy se acerco a la niña y se agacho suavemente hasta quedar a la altura de su rostro.
-Mi tierno ángel, no llores… perdona la dureza de mis palabras –comenzó a disculparse en tono materno mientras arreglaba el primoroso lazo que retenía los sedosos y rojizos bucles de la pequeña- Dimitri y yo te queremos, abandona tus oscuros planes, quédate con nosotros, deja que cuidemos de ti y que podamos hacerte feliz.
Entre sollozos, Sasha estiro sus pequeños y suaves bracitos y rodeo con profunda dulzura el cuello de Candy  escondiendo su rostro entre los pechos firmes y sedosos de esta. El repentino abrazo tomo a la Vampiresa por sorpresa, pero luego se dejo llevar por la ternura de aquel acto y abrazo también a la pequeña, alzándola y arrullándola para calmar su angustia; “Es tan solo una niña… todo esto es demasiado para ella, cargar con semejante maldición…” pensó compadeciéndose de la infanta.
Cuando se disponía a acomodarla en la amplia cama pudo percibir que el sollozo fue convirtiéndose poco a poco en una risa, una oscura, escalofriante y aguda risita; Candy arrojo con enfado a la chiquilla al suelo y esta le contesto elevando el tono de la risa hasta convertirse en una carcajada maquiavélica.
-Jajajajaja… eres tan fácil ¿ves? También puedes jugar conmigo- dijo con la voz entrecortada entre risas.
-No quiero jugar contigo maldita rayada- respondió sobrándola y con los brazos cruzados sobre el pecho.
-oouhh, ¿Por qué no? Si te gusta jugar con los Brujah, yo te vi, jugando con el Brujah de pelo blanco… ¿O quizás prefieras jugar a verdad o consecuencia?- Insistió Sasha con una gran sonrisa en su rostro que develaba sus pequeños colmillos perlados.
-Si esa es tu idea de juego, déjame decirte entonces que tienes los conceptos retorcidos y equivocados- Candy la observo fijamente mientras decía esto- Tu ya no eres una niña, esa mascara ya no va contigo, deja de mentir a todos y muestra tu verdadera forma… ¿o acaso tienes miedo de descubrir la verdad? patética huérfana
En esos momentos el rostro siempre sonriente de Sasha adquirió un aspecto seco y lúgubre para luego dar paso a una maléfica sonrisa, sus ojos brillaban con un verde intenso y la niña comenzó a desaparecer entre las sombras.
-¿Mi verdadera forma Candy?... ¿Cuál es nuestra verdadera forma?... ¿es acaso esta forma agradable a tus ideales?- la voz de Sasha fue tornándose cada vez mas grave, hasta convertirse en la voz fuerte y grave de un hombre; la figura masculina salio de entre las sombras y sonrío a Candy, esta abrió los ojos con sorpresa y dejo caer los brazos al costado del cuerpo, comenzó a balbucear palabras sin sentido.
 -Interesante respuesta Calixsta… me gustaría ver que más guardas…-pero antes de que pudiera dar un paso más, la figura salio despedida por el golpe de un rayo. Candy mantenía sus puños cerrados de la furia y alrededor de ellos brillaban chispas de electricidad.
-¡¿Cómo te atreves?! –Grito mostrándole sus colmillos – Tenías prohibido entrar en nuestras mentes… ¡¿Cómo te atreves a utilizar su imagen?! ¡Esta noche realizaste tu ultima broma pendeja insolente!
Al chocar contra la pared, Sasha recupero su anterior forma, y al escuchar los gritos de ira comenzó a gatear para alejarse de su agresora, pero la misma se movió con prodigiosa velocidad y agarro del  cuello a la niña elevándola por sobre su cabeza.
-¡Aprenderás a respetar a tus mayores!- le grito mientras ceñía cada vez mas sus dedos en el frágil y pequeño cuello. Sasha se retorcía con dolor mientras daba gritos de terror, sus bucles estaban todos desarmados y el cabello le cubría el rostro.
Candy arrojo a la niña al suelo y volvió a señalar la puerta de ébano.
-Retírate Sasha… piérdete en las sombras, y ruega por que los demás sean tan tolerantes como lo fui yo.
La pequeña aparto temblorosa los cabellos del rostro mientras se ponía de pie, tenía los ojos abiertos de par en par y llenos de lágrimas, y el labio inferior le temblaba al intentar decir una palabra de perdón. Se alejo tambaleante y cubriéndose el rostro.
El sonido de su lamento resonaba en los largos y oscuros pasillos del castillo “¿Por qué todos me lastiman? … estoy sola… sola” y el lamento a medida que se alejaba comenzó a desvirtuarse en una trastornada carcajada.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Encuentro obsesivo.

Cuéntame Fiel amigo, que mas viste; ¿Tenia su piel la fragancia de incontables tormentas acumuladas? ¿Eran, sus ojos azules, dos abismos negros e infinitos?
Dime, querido mío, su mirada ¿Aun quema y congela? ¿Sus labios firmes aun se arquean sutilmente en una sonrisa de complicidad? ¿Es todavía, su joven rostro, la perfección entre las demás mascaras?
¿Es su voz aun potente como el trueno? ¿Siguen sus palabras hipnotizándote y atrapándote en su telaraña? Quisiera oírle pronunciar mi nombre una vez más…
Habla, ¿Las sombras aun le obedecen? ¿Pudiste ver sus Alas?
Cuenta, dilo todo felino amigo… no, espera, muéstrame mejor. No pienses que no confío en tus ojos, pero los míos también quieren alimentarse de tu descubrimiento.

¿Aquí dices que sucedió todo? No ha dejado nada, ni sus cadáveres, ni huella alguna de sus pisadas, nada, ni un aroma para recordar…
Pero, espera, no te mueves, tranquiliza, si puedes, a ese ruidoso corazón tuyo ¿sientes eso, en el viento? Yo reconozco este soplo… y también reconozco esos ojos, cansados de tanta inmortalidad.

martes, 7 de septiembre de 2010

Una melodia perdida en el tiempo...




"Precipitandose entre recuerdos y pensamientos
empañados por la lejania y el dolor"

lunes, 6 de septiembre de 2010

El despertar.


“Todo sucedió rápidamente, la pesada y maciza puerta de piedra que bloqueaba el paso de intrusos a su refugio exploto en millones de pedazos con un sonido ensordecedor. Sin pensarlo dos veces, su Sire la tomo del brazo y la llevo  hacia una trampilla secreta detrás de la pesada estantería cargada de libros “no salgas, no te muevas, no llores… recuerda, siempre fría, controla tus emociones, así es como sobrevivimos” alcanzo a decirle mientras la ocultaba.
Todavía recuerda los gritos de agonía de su Señor, la fuerza de los golpes que impactaban una y otra vez contra su cuerpo, la sangre tiñendo cada centímetro del suelo, y los ojos de su Sire, que en los últimos segundos de vida se dirigieron hacia la estantería, cargados de compasión y amor, era la primera y la ultima vez que ella volvería a ver aquellos ojos… la escena parecía ser eterna, los labios de su Sire se movían sin producir sonidos “Vive… por mi” y aquella bestia enfurecida y rodeada de niebla roja aplasto su cráneo y destrozó su cuerpo…”
Candy se despertó sobresaltada mientras tapaba su boca  para sofocar un inminente grito producto de aquella pesadilla, la pesadilla de su pasado que la perseguía noche tras noche. Logro controlar rápidamente sus emociones y pensamientos, “de que mierda sirve ser inmortal… si tengo que soportar esta boludes todas las noches” murmuro renegando.
Con silenciosos pasos se dirigió hasta el tocador de la habitación, al lado del mismo, un espejo de cuerpo entero decorado con flores y Ángeles de bronce a su alrededor la reflejaba completamente, los Ángeles con rostros de niños regordetes y manos extendidas parecían invitarla a observarse en el espejo. Una a una sus ropas fueron cayendo, primero la corta pollera de cuero, las medias negras y rotas, la camiseta vieja, y por ultimo su ropa interior, sus anillos, sus pulseras, y hasta la gargantilla con púas. Y así, desnuda, se acerco mas aun al espejo “mi verdadero reflejo…” murmuro mientras hacía a un lado su larga y espesa cabellera que le cubría toda la  espalda; un tatuaje recorría su lomo, con su mano izquierda comenzó a recorrerlo, desde la altura de los hombros arena que caía y formaba dos grandes alas que iban a morir a la altura de su vértebra Lumbar en …, sus ojos se endurecieron, sin pestañear agarro una tijera oxidada al lado del tocador y corto su cabellera a la altura de la nuca, luego se volvió al espejo y observo el tatuaje mientras este se desvanecía poco a poco.
Sin ninguna emoción en su rostro arrojo el cabello por la ventana, y dándose media vuelta empezó a caminar hacia la vasta biblioteca del castillo, “Insensata, nunca aprendes”.
Caminaba con pasos sensuales y apresurados. Su deliciosa figura de voluptuosas curvas había sido la perdición de muchos hombres a lo largo de su vida. Ella era, en esos momentos, así desnuda y silenciosa, la descripción misma de una exquisita Súcubo.
Se sentó en el mismo rincón de siempre y mientras colocaba los pies sobre el escritorio agarraba un pesado y avejentado libro.
“Calixsta…” una voz ronca resonó por toda la habitación “Calixsta, Vive… por mi, por mi” la voz arrastraba las palabras y soltó una carcajada lastimosa.
Candy cerro el libro con evidente enfado “¡No es gracioso, Dimitri detente ya!” ordeno mientras intentaba descubrir de donde provenía la voz.
“Calixsta… belleza de mis ojos, Vive” y el sonido parecía provenir de todos lados, incluso de los mismos libros.
“No es Dimitri” pensó mientras se ponía en guardia, de sus manos comenzaron a salir pequeñas chispas de electricidad.
-¡Basta de juegos! No me importa quien seas, pero vas a morir ahora mismo por haber pronunciado ese nombre.
“Calixsta… hermosa y orgullosa, Vive” y la voz comenzó a reírse en tono sarcástico.
Candy no pudo soportarlo mucho mas, y de sus manos salieron despedidos un par de rayos hacia donde consideraba estaba la voz, “No Calixsta, por acá” y volvió a lanzar otro rayo mas, “Calixsta… Calixsta… luz de mis días, sabia y única” y los rayos golpeaban con fuerza las estanterías, derribando los libros, las mesas, rompiendo los vidrios y quemando las cortinas. A cada centella, le seguía un gruñido de furia.
-¡Déjame en paz! ¡Cállate! … Mi nombre es Candy ¡Candy!- Gritó mostrando sus colmillos afilados.
“Calixsta… deliciosa y dulce adicción mía, Calixsta… mi golosina preferida” susurro la voz en su oído, y el tiempo en ese momento pareció detenerse, de la boca de Candy nació un sonido de sorpresa y temor ahogado “Tu no eres…” y el tiempo volvió a su curso normal, la biblioteca se encontraba un poco desordenada, pero los vidrios, las cortinas y las altas estanterías estaban intactas. El silencio y las sombras cubrían la biblioteca entera y la figura inmóvil de ella.
Volvió corriendo rápidamente a su habitación, se acostó al lado de su compañero y lo abrazo con fuerza, “Insensata…”




domingo, 5 de septiembre de 2010

The other side...


“God is a Dog” … “God is a Dog”Repetía incesante y agitadamente.
“Is a Dog! A Dog!...” Exclamo a gritos mientras caminaba con pasos torpes y chocando contra las paredes… “solo un maldito, sucio, pulgoso y abandonado perro… Woof! Woof! Aaaauuuuuuuuuu!… feo y malo, rabioso perro” Movía sus brazos con fuerza, ahuyentando algo invisible y termino por dejarse caer en la fría nieve, abrazándola, hundiendo su cara en ella, abriendo su boca para tragar y sentir algo mas que solo el gusto de sangre alcoholizada en su lengua y, también,  para disimular un poco las lagrimas sanguinolentas que brotaban sin tregua de sus ojos, como un Cristo demente, un Dios insano y cruel, un perro morboso y pérfido… un tonto adicto y eterno que pudo ver la irreversible verdad.
Horas y horas pasaron, y él seguía  inmóvil, con el rostro enterrado en aquella congelada superficie “si tan solo pudiera volver a sentir frío… ¿Por qué algunos de nosotros si pueden? ¿Por que yo no? ¿Es por lo que se?... Cierto, es un perro, y los perros entienden ladridos”.
 Lánguidamente, y entre quejidos de dolor empezó a rodar hasta quedar con la mirada hacia el despejado cielo nocturno; el mismo cielo que lo vio nacer, lo vio crecer, triunfar, reír, jugar, caer, llorar, enloquecer y volver a nacer; aquel mismo cielo que recibía sus incoherentes plegarias. Deseo entonces sentir el confuso y vertiginoso sentimiento de alcohol en su sangre, pero este, al igual que sus ganas de llorar se habían evaporado. Cerró los ojos fuertemente, “extraño mundo” susurro con cierto temor mientras, con un desgano ceremonioso, abría los ojos.
Poco a poco se puso de pie, subió el cierre de su desgastada campera tejida gris, mientras murmuraba, en un idioma que ni siquiera el comprendía, una oración a “Los altos y magistrales poderes milenarios de el omnipresente murciélago ciego”.
Aun esta buscando su propósito en esta esfera de personajes extraños, que una y otra vez niegan su verdadera naturaleza, que se mienten a si mismos y al espejo que todo lo “refleja”.
¿Y él? ¿Qué hay de él?, ¿Es acaso también un reflejo “de”, o es real? ¿O es quizás el espejo?; Mientras camina divaga en estos pensamientos, ordena sus recuerdos y datos que recopilo en las últimos noches “algo extraño pasa aquí… alguien me tiene que escuchar”; y vuelve a susurrar otra vez su oración.
Los que caminan y respiran por la calle suelen evitarlo, los que son como él suelen molestarlo, empujándolo, golpeándolo e insultándolo, algunos, muy pocos, le ofrecieron ayuda… y esa niña… ella y su reflejo, ella ve a través del espejo, ella sabe, y así también ella es la peor de las mentiras.
Recuerda también a La Joven mujer, la de los tacos altos, mirada dulce y el corazón y la mente confundidos… ella tampoco quiso ver la verdad, decidió no reflejarse. Es entonces que recuerda, tiene que buscar a… pero sus recuerdos juegan a las escondidas con él.
Una figura diminuta, perdida en la inmensidad nívea y azabache de la noche, sus pantalones negros anchos que esconden pies desnudos y muertos, una campera de mangas mas largas que sus brazos, y la cual solo usa como un recuerdo de… de algo que ya no recuerda y el cabello negro largo cubriendo un rostro de mágicas y trágicas proporciones,  portador de un par de ojos que llegaron a ser la perdición de muchos… él sabe como es y como lo ven los demás, su pregunta ahora es ¿Cuánto tiempo mas podrá sobrevivir en este reflejo de mundo?

sábado, 4 de septiembre de 2010

Vinculos.


"Esto tiene que acabar hoy"- pensó segundos antes de entrar a la habitación...
El sonido que producían los finos y altos tacos de sus Gucci gamuzados negros contra el lustrado piso de parquet hacia eco en todo el pasillo, denotando con cada paso su enfado y determinación.
Con firmeza, pero sin perder la suavidad que siempre la caracterizo, abrió las puertas de par en par; La oscuridad y el sentimiento de abandono y soledad que emanaba desde adentro golpeo su alma con la fuerza de una tormenta eléctrica. ¿Dónde estaba la luz blanca y la infinidad de colores? ¿Dónde el seductor y vibrante Jazz que tanto amaba?
El leve quejido de una copa de cristal siendo arrastrada contra el mármol logro sacarla de su desconcierto; Arrinconada contra una esquina, una silueta ofuscada e imperceptible para el ojo humano dejo escapar un ínfimo quejido.
“Debo ser firme, no puedo volver atrás ahora, hice una promesa…” pensaba para animarse y no dejarse abrumar aun mas por la desoladora escena.
-¿Teobaldo? -su voz firme se perdió entre las sombras de la habitación. La figura sentada en la esquina seguía impasible.
Con paso dudoso se acercó mas a Él mientras lo observaba fijamente y con cierta curiosidad, como si buscara algo, algo que solo ella podía vislumbrar, la verdadera naturaleza… y entonces se detuvo secamente,  una lagrima rosada resbalo por su inmaculado rostro.
-Oh... no... ¿Teo?- y ahora su voz tembló.
La figura levantó levemente la cabeza mientras murmuraba una canción.
-¡Oh cielo mío...! ¿Que hiciste?...- Y corrió a abrazarlo, mientras dejaba atrás todo deseo de venganza y toda posible ansia de libertad.