-¡Que desastre!- exclamo Candy al tiempo que se dejo caer al suave colchón de plumas de ganso.
-Mucha pelea… mucha victoria, pero nadie se quedo para el difícil trabajo de limpiar- renegaba acariciando su cabeza para relajarse.
El castillo por fin se encontraba sumido en un completo silencio, y una calma acogedora reinaba en la habitación. La luz tenue de la luna se filtraba por los vidrios de cristal de las altas ventanas góticas, dando al cuarto una etérea imagen de inocencia mágica. Dejo escapar un suspiro de satisfacción por primera vez en muchos años, y cerro los ojos disfrutando de aquella inusitada paz. Pudo obtener algo bueno de aquella pseudo batalla, algo muy bueno, algo que podía volver a poner en marcha todo su antiguo plan.
Pero antes de que pudiera abandonarse al sueño diurno un objeto suave golpeo su cara y cayo rodando hacia el suelo; Candy se levanto molesta y observo la forma que golpeo su cara, un pequeño peluche verde con figura de oso se encontraba tirado en el suelo. Agarro el muñeco y golpeo con evidente enfado el colchón de la cama.
-¡Sasha, pequeña sanguijuela caprichosa!- grito en dirección a la puerta entreabierta, y una risa de infanta, vibrante y dulce le respondió en saludo. De entre las sombras se formo la imagen de una pequeña niña que aparentaba tener no más de 7 años.
-El señor rosa solo quería saludarte… esta muy contento de volver a verte- se disculpo la niña mientras avanzaba dando pequeños saltitos hasta el extremo de la cama. Candy la observo en silencio unos segundos, no importaba cuantas veces se habían visto, la belleza mística de Sasha siempre era algo que la atrapaba, su rostro blanco sin marca o arruga, de mejillas regordetas y ojos grandes que pasaban de la gama del verde al azul con la luz que reflejaran, sus pequeños labios rosados estirados en una tímida sonrisa; “Mi querubín demente y sanguinaria” así solía llamarla Dimitri, y a Candy le pareció que la descripción le sentaba perfecta.
-¿Me devuelves al señor rosa?- pregunto con voz complaciente moviendo sus pequeños deditos.
-¿Al señor ro…? Ah…-Candy arrojo el peluche en dirección a ella, ya había tenido problemas en el pasado, mejor no hacerla enfadar.
-¿Qué quieres Sasha? ¿Acaso tus nuevas marionetas te aburrieron y decidiste desempolvar las viejas?- expreso con sarcasmo mientras le daba la espalda.
Sasha la observo en silencio mientras Candy se despojaba sensualmente de su ropa, no la examinaba con el deseo habitual de otros seres, sino con la curiosidad infantil que la caracterizaba en todos sus actos.
-Tengo Papá y Mamá nuevos, ¿sabias?-agrego Sasha haciendo caso omiso de aquel último comentario.
-¿Un par de ingenuos y débiles Toreadores?- Candy dejo escapar una risa- Me decepcionas niña, podrías haber elegido padres mas poderosos.
-Estoy aburrida… ¿Quieres jugar conmigo?- sugirió con una sonrisa compradora mientras caminaba saltando por la habitación- Podemos jugar… mmm… ¡a las escondidas!... O podemos jugar a…
-¡Ya silencio!... peor que radio descompuesta…-refunfuño Candy – Yo no juego, y mucho menos voy a jugar contigo, tienes dos … como se llamen esas cosas que simulan ser peluches, ve a molestar con ellos en otro lado- le señalo con firmeza la maciza puerta de ébano.
Sasha agacho la cabeza y sostuvo con las dos manos a un pequeño peluche rosado con forma de conejo, con una de sus manos lo acariciaba mientras que con la otra movía nerviosamente el botón que hacia de ojo y que en ese momento estaba descocido.
-El señor conejo esta lastimado… ¿Podrías…- se detuvo un momento dudando - ¿Podrías curarlo para mi?- suplico lloriqueando mientras se acercaba con paso dudoso a la vampiresa.
Candy la observo unos segundos, estuvo a punto de sostener entre sus manos al maltrecho peluche pero algo hizo que reaccionara.
-Me entere de tus “pequeños” desplantes en el Eliseo, ¿Por qué insistes en molestar a los demás? Sabes que no serás invulnerable a sus castigos por mucho más tiempo. La Camarilla no es tolerante a las “bromas” de los de tu clase, mucho menos será indulgente con aquellos que ataquen a sus “Príncipes”… deberías tomar consciencia de la naturaleza peligrosa de tus juegos.
-Yo no estoy jugando con ellos… ni bromeo, ellos le robaron algo a mi Papi, y yo estoy aquí para recuperarlo- respondió Sasha con notoria tranquilidad, no había en su rostro una ínfima arruga de enfado.
-¿Tu padre?- Candy volvió a reír en tono de burla- Ambas sabemos que tu Sire ya no existe Sasha; Lo que haces lo haces por tu propio egoísmo y venganza… un acto que solo lograra terminar con tu patética existencia.
-¿tu también… por que todos me tratan tan mal? Estoy perdida, soy solo una niña… ¿Por qué no me quieres? – comenzó a llorar mientras dejaba caer sus peluches al suelo y se cubría el rostro con las manos. Conmovida por el llanto, Candy se acerco a la niña y se agacho suavemente hasta quedar a la altura de su rostro.
-Mi tierno ángel, no llores… perdona la dureza de mis palabras –comenzó a disculparse en tono materno mientras arreglaba el primoroso lazo que retenía los sedosos y rojizos bucles de la pequeña- Dimitri y yo te queremos, abandona tus oscuros planes, quédate con nosotros, deja que cuidemos de ti y que podamos hacerte feliz.
Entre sollozos, Sasha estiro sus pequeños y suaves bracitos y rodeo con profunda dulzura el cuello de Candy escondiendo su rostro entre los pechos firmes y sedosos de esta. El repentino abrazo tomo a la Vampiresa por sorpresa, pero luego se dejo llevar por la ternura de aquel acto y abrazo también a la pequeña, alzándola y arrullándola para calmar su angustia; “Es tan solo una niña… todo esto es demasiado para ella, cargar con semejante maldición…” pensó compadeciéndose de la infanta.
Cuando se disponía a acomodarla en la amplia cama pudo percibir que el sollozo fue convirtiéndose poco a poco en una risa, una oscura, escalofriante y aguda risita; Candy arrojo con enfado a la chiquilla al suelo y esta le contesto elevando el tono de la risa hasta convertirse en una carcajada maquiavélica.
-Jajajajaja… eres tan fácil ¿ves? También puedes jugar conmigo- dijo con la voz entrecortada entre risas.
-No quiero jugar contigo maldita rayada- respondió sobrándola y con los brazos cruzados sobre el pecho.
-oouhh, ¿Por qué no? Si te gusta jugar con los Brujah, yo te vi, jugando con el Brujah de pelo blanco… ¿O quizás prefieras jugar a verdad o consecuencia?- Insistió Sasha con una gran sonrisa en su rostro que develaba sus pequeños colmillos perlados.
-Si esa es tu idea de juego, déjame decirte entonces que tienes los conceptos retorcidos y equivocados- Candy la observo fijamente mientras decía esto- Tu ya no eres una niña, esa mascara ya no va contigo, deja de mentir a todos y muestra tu verdadera forma… ¿o acaso tienes miedo de descubrir la verdad? patética huérfana
En esos momentos el rostro siempre sonriente de Sasha adquirió un aspecto seco y lúgubre para luego dar paso a una maléfica sonrisa, sus ojos brillaban con un verde intenso y la niña comenzó a desaparecer entre las sombras.
-¿Mi verdadera forma Candy?... ¿Cuál es nuestra verdadera forma?... ¿es acaso esta forma agradable a tus ideales?- la voz de Sasha fue tornándose cada vez mas grave, hasta convertirse en la voz fuerte y grave de un hombre; la figura masculina salio de entre las sombras y sonrío a Candy, esta abrió los ojos con sorpresa y dejo caer los brazos al costado del cuerpo, comenzó a balbucear palabras sin sentido.
-Interesante respuesta Calixsta… me gustaría ver que más guardas…-pero antes de que pudiera dar un paso más, la figura salio despedida por el golpe de un rayo. Candy mantenía sus puños cerrados de la furia y alrededor de ellos brillaban chispas de electricidad.
-¡¿Cómo te atreves?! –Grito mostrándole sus colmillos – Tenías prohibido entrar en nuestras mentes… ¡¿Cómo te atreves a utilizar su imagen?! ¡Esta noche realizaste tu ultima broma pendeja insolente!
Al chocar contra la pared, Sasha recupero su anterior forma, y al escuchar los gritos de ira comenzó a gatear para alejarse de su agresora, pero la misma se movió con prodigiosa velocidad y agarro del cuello a la niña elevándola por sobre su cabeza.
-¡Aprenderás a respetar a tus mayores!- le grito mientras ceñía cada vez mas sus dedos en el frágil y pequeño cuello. Sasha se retorcía con dolor mientras daba gritos de terror, sus bucles estaban todos desarmados y el cabello le cubría el rostro.
Candy arrojo a la niña al suelo y volvió a señalar la puerta de ébano.
-Retírate Sasha… piérdete en las sombras, y ruega por que los demás sean tan tolerantes como lo fui yo.
La pequeña aparto temblorosa los cabellos del rostro mientras se ponía de pie, tenía los ojos abiertos de par en par y llenos de lágrimas, y el labio inferior le temblaba al intentar decir una palabra de perdón. Se alejo tambaleante y cubriéndose el rostro.
El sonido de su lamento resonaba en los largos y oscuros pasillos del castillo “¿Por qué todos me lastiman? … estoy sola… sola” y el lamento a medida que se alejaba comenzó a desvirtuarse en una trastornada carcajada.
Lex: Malkavian... ¬¬
ResponderEliminarSon tu debilidad mi sombristico amigo.
ResponderEliminarLo fueron hace mucho mi chapiteristica master.
ResponderEliminarPobre Alma desquiciada, que en su pena vana, valdia y vacia... muestra la ultima voluntad mortal que le queda, con la que como muñeca juega, como si papel retuerce y como cristal roto recoge. Pobre niña desquiciada...
ResponderEliminarSeees...pobres almas pobressss
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