lunes, 6 de septiembre de 2010

El despertar.


“Todo sucedió rápidamente, la pesada y maciza puerta de piedra que bloqueaba el paso de intrusos a su refugio exploto en millones de pedazos con un sonido ensordecedor. Sin pensarlo dos veces, su Sire la tomo del brazo y la llevo  hacia una trampilla secreta detrás de la pesada estantería cargada de libros “no salgas, no te muevas, no llores… recuerda, siempre fría, controla tus emociones, así es como sobrevivimos” alcanzo a decirle mientras la ocultaba.
Todavía recuerda los gritos de agonía de su Señor, la fuerza de los golpes que impactaban una y otra vez contra su cuerpo, la sangre tiñendo cada centímetro del suelo, y los ojos de su Sire, que en los últimos segundos de vida se dirigieron hacia la estantería, cargados de compasión y amor, era la primera y la ultima vez que ella volvería a ver aquellos ojos… la escena parecía ser eterna, los labios de su Sire se movían sin producir sonidos “Vive… por mi” y aquella bestia enfurecida y rodeada de niebla roja aplasto su cráneo y destrozó su cuerpo…”
Candy se despertó sobresaltada mientras tapaba su boca  para sofocar un inminente grito producto de aquella pesadilla, la pesadilla de su pasado que la perseguía noche tras noche. Logro controlar rápidamente sus emociones y pensamientos, “de que mierda sirve ser inmortal… si tengo que soportar esta boludes todas las noches” murmuro renegando.
Con silenciosos pasos se dirigió hasta el tocador de la habitación, al lado del mismo, un espejo de cuerpo entero decorado con flores y Ángeles de bronce a su alrededor la reflejaba completamente, los Ángeles con rostros de niños regordetes y manos extendidas parecían invitarla a observarse en el espejo. Una a una sus ropas fueron cayendo, primero la corta pollera de cuero, las medias negras y rotas, la camiseta vieja, y por ultimo su ropa interior, sus anillos, sus pulseras, y hasta la gargantilla con púas. Y así, desnuda, se acerco mas aun al espejo “mi verdadero reflejo…” murmuro mientras hacía a un lado su larga y espesa cabellera que le cubría toda la  espalda; un tatuaje recorría su lomo, con su mano izquierda comenzó a recorrerlo, desde la altura de los hombros arena que caía y formaba dos grandes alas que iban a morir a la altura de su vértebra Lumbar en …, sus ojos se endurecieron, sin pestañear agarro una tijera oxidada al lado del tocador y corto su cabellera a la altura de la nuca, luego se volvió al espejo y observo el tatuaje mientras este se desvanecía poco a poco.
Sin ninguna emoción en su rostro arrojo el cabello por la ventana, y dándose media vuelta empezó a caminar hacia la vasta biblioteca del castillo, “Insensata, nunca aprendes”.
Caminaba con pasos sensuales y apresurados. Su deliciosa figura de voluptuosas curvas había sido la perdición de muchos hombres a lo largo de su vida. Ella era, en esos momentos, así desnuda y silenciosa, la descripción misma de una exquisita Súcubo.
Se sentó en el mismo rincón de siempre y mientras colocaba los pies sobre el escritorio agarraba un pesado y avejentado libro.
“Calixsta…” una voz ronca resonó por toda la habitación “Calixsta, Vive… por mi, por mi” la voz arrastraba las palabras y soltó una carcajada lastimosa.
Candy cerro el libro con evidente enfado “¡No es gracioso, Dimitri detente ya!” ordeno mientras intentaba descubrir de donde provenía la voz.
“Calixsta… belleza de mis ojos, Vive” y el sonido parecía provenir de todos lados, incluso de los mismos libros.
“No es Dimitri” pensó mientras se ponía en guardia, de sus manos comenzaron a salir pequeñas chispas de electricidad.
-¡Basta de juegos! No me importa quien seas, pero vas a morir ahora mismo por haber pronunciado ese nombre.
“Calixsta… hermosa y orgullosa, Vive” y la voz comenzó a reírse en tono sarcástico.
Candy no pudo soportarlo mucho mas, y de sus manos salieron despedidos un par de rayos hacia donde consideraba estaba la voz, “No Calixsta, por acá” y volvió a lanzar otro rayo mas, “Calixsta… Calixsta… luz de mis días, sabia y única” y los rayos golpeaban con fuerza las estanterías, derribando los libros, las mesas, rompiendo los vidrios y quemando las cortinas. A cada centella, le seguía un gruñido de furia.
-¡Déjame en paz! ¡Cállate! … Mi nombre es Candy ¡Candy!- Gritó mostrando sus colmillos afilados.
“Calixsta… deliciosa y dulce adicción mía, Calixsta… mi golosina preferida” susurro la voz en su oído, y el tiempo en ese momento pareció detenerse, de la boca de Candy nació un sonido de sorpresa y temor ahogado “Tu no eres…” y el tiempo volvió a su curso normal, la biblioteca se encontraba un poco desordenada, pero los vidrios, las cortinas y las altas estanterías estaban intactas. El silencio y las sombras cubrían la biblioteca entera y la figura inmóvil de ella.
Volvió corriendo rápidamente a su habitación, se acostó al lado de su compañero y lo abrazo con fuerza, “Insensata…”




1 comentario:

  1. Y el pelotudo de su compañero seguia durmiendo-.- Candy tiene que aprender que no esta sola-.-

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